junio 30, 2011
junio
qué bien: tengo 35 y no tengo asomo de añoralgias por los idos años.
¡así!
junio 03, 2011
un poema que me gustó siempre
bajo el momento improducido y caña.
Pasa una paralela a
ingrata línea quebrada de felicidad.
Me extraña cada firmeza, junto a esa agua
que se aleja, que ríe acero, calla.
Hilo retemplado, hilo, hilo binómico
¿por dónde romperás, nudo de guerra?
Acoraza este ecuador, Luna.
mayo 27, 2011
japonesadas
mayo 21, 2011
mayo 19, 2011
inventario
tengo un cuarto pequeño con una pequeña biblioteca, dos bicicletas (una no anda), un computador que de tan viejo da vergüenza, y una máquina de cocer arroz.
tengo la obra completa de Mishima en edición de lujo (pequeño tesoro), todos los tomos de Astérix, seis trajes de aikido, una espada de madera, un tocador antiguo y una colección de fotos con tapas de alcantarillas.
tengo un título de doctor, un segundo dan en aikido, un certificado en psicología y una licencia de conducir (al lado derecho de la calzada).
tengo amigos imaginarios, amigos de cuerpo presente, un conocido en cada rincón del planeta, compañeros universitarios, rivales y enemigos de varios orígenes, alumnos y exalumnos, profesores y exprofesores, amigos y examigos.
tengo un padre, ocho hermanos, doce sobrinos, una sobrina-nieta y una madre enferma de cáncer.
tengo mucho miedo.
mayo 09, 2011
1Q84
voy en el capítulo cinco. sólo falta que aparezca alguien cocinando pasta. (sigh...)
lustrelessness
igual con el amor. sábado whatever works y domingo revolutionary road: el amor es un campo desierto en el que dos ciegos hacen hasta lo imposible por hacer al otro ver lo que hay. encuentro inútil, por supuesto, pero esto es también tan trillado como "the grass is always greener".
la pregunta (mi pregunta) es qué hacer ahí. qué hacer cuando se pierde el brillo...
abril 22, 2011
(una cosa que nunca posteé)
ayer intenté por segunda vez. quisiera decir "armada de valor" pero sería más justo decir "desarmada por completo", sin mucha idea de por qué, me metí en la perfecta cuadrícula del barrio imperial y busqué el sitio donde debería estar la tienda. en el primer piso, un ascensor. en el segundo, un cabaret con fotos de modelos ochenteras. al lado, la misma puerta cerrada que me había recibido un año atrás. y un cartel: "esto NO es una tienda de alquiler de video. quien tenga algún asunto personal es bienvenido a entrar. de lo contrario absténgase de golpear. al ingresar asegúrese de cuidar sus modales y comportarse debidamente". era el sitio y era el lugar y decía que estaba en servicio pero ¿cómo entrar con esa bienvenida? unos minutos frente a la puerta, petrificada, dudando de si debía entrar o no, imaginándome que al otro lado de la puerta estaba, materializado, lo que se oía decir: que el tipo sabrá mucho de películas pero le cuesta un mundo hablar con la gente. pensé en una excusa, luego pensé que de varios lugares ya me han sacado, luego pensé que a lo mejor sonriendo, y entré. será cliché pero era verdad: de entre una literal montaña de videos salió una cabecita. huraño y malencarado, sólo dijo "¿sí?".
"¿usted ha visto ese documental-ficción, en nueva york, con lou reed ...? no es smoke, pero es cercano... no lo encuentro en ninguna parte y no recuerdo el título. y créame que lo he buscado, pero en las videotiendas grandes ni siquiera conocen a jarmusch y... bueno, menos mal no estoy buscando algo de, diga usted, cine finlandés, porque no tendría esperanzas... y no sé si usted, acá, porque veo que tiene de todo, y se oye hablar tanto de este lugar...".
hablé largo, sin parar, con acentito de cuidado e incontenible flashazo de dientes cada dos palabras. el tipo, suave como el pasto nos habló de auster y de la tienda, del vhs y el dvd, de que ya no prestaba películas, y concluyó como si fuera evidente "¡pero si blue in the face se consigue en cualquier lado!".
la visita debió durar menos de cinco minutos.
sobre la disciplina
abril 12, 2011
¿cuándo pasa el temblor?
abril 08, 2011
marzo 07, 2011
oh
febrero 16, 2011
febrero 01, 2011
en yerro
enero me dejó con ampollas en los pies, los labios secos y una cosa roja en la mitad de la barbilla que me sale cuando tengo mucho estrés. debo decirlo: odiodiodiodio este trabajo. y si me contengo y no completo la frase anterior con dos o tres improperios que la harían sonar más cercana al malestar que me produce, es porque todavía me queda un poco de pudor. con todo y todo, eh. odio el tacón y la media velada, el tren a la madrugada y el lenguaje cortés, la desigualdad en el grado de sonrisa, la obviedad de la discriminación, la pequeña e idiota intriga laboral, el espíritulo salaryman, el sueldo risible, el corporative spirit. hay algo muy podrido en esta sociedad. no: hay algo muy podrido en este sistema. no: hay algo muy podrido en este mundo. no. and yet, como soy una idiota absoluta, me sigue gustando la gente.
enero me dejó los dos primeros tomos de millenium, about elly (farhadi), helpless (aoyama), perfect blue (kon) y desayunos con relato de sueños a las 5 de la mañana.
no es fácil preparar revoluciones, y el corazón se me apachurra cuando lo pienso: a un lado de la balanza cuelga el calor de las noches cucharita y al otro la luz al final del mediocre túnel prolético-pelético-peludo.
enero 16, 2011
cabañuelístico
diciembre 30, 2010
dos-cero-uno-cero
En enero volví a casa después de haber ido a casa. Sustenté mi tesis de doctorado. Y la aprobaron. Fracasé en mi proyecto de volverme una investigadora postdoctorante e inicié mi carrera de “buscadora de trabajo”. El divorcio terminó.
En febrero me fui a snowbordear; me caí cien (no, mil) veces de culo y me reí cada vez. También me angustié mucho por el futuro y peleé mucho –pelea inútil, obvio—contra el destino.
En marzo me gradué de doctora. Conocí a Javier y conocí a Olavia (de lo nuevo, bueno y bonito que dejó este año). Y juntos fuimos al mejor karaokazo del que tenga yo memoria. Un poco por ellos empecé con twitter, un intento que prometía fracasar y cumplió con su promesa. Además me mudé a mi nueva casa vieja, y empecé a vivir con los mejores amigos que uno pudiera querer tener. También fui a ver sumo. En marzo se suicidó Y., justo un año después (un año exacto--todavía se me eriza la piel al recordarlo) del intento de suicidio de M. Fue el comienzo de un tiempo muy muy triste.
En abril tuve mucho tiempo libre; me dediqué a hacer aikido, ver películas y limpiar la casa. Vi los cerezos florecer por séptima vez.
En mayo Olavia visitó la comuna. Tocamos (bueh, “tocaron”) la guitarra, cantamos a la vera del río y comimos cantidades indecentes de comida. Di TANTAS clases de idiomas que no puedo recordar cuántos alumnos tuve. Voté, como siempre, por el candidato que no ganó.
En junio tomé mi examen de segundo dan de aikido y me sentí satisfecha con el resultado. Me convencí (ahora sí para siempre) de no poder vivir sin aikido (así me acusen de pertenecer a un culto, hmpf!). Me fui al gran templo de Ise a cumplir 34.
En julio me quedé sufriendo el verano kyotense dentro de esta casa-horno. Cuidé de una gata ajena y tuve que hacer esfuerzos para no robármela del todo.
En agosto no morí de calor (ni maté a nadie) de milagro. Fuimos a la playa y volvimos insolados. Vinieron de visita mi amiga Sustancita y su marido. Paseamos mucho, hablamos mucho, nos abrazamos largo, recargamos baterías y recordamos con exactitud por qué es que nos queremos tanto.
En septiembre nos entristecimos mucho. Mucho. Mucho.
En octubre las nubes se hicieron hilachas. Y nosotros las vimos echados en el prado. En octubre se casó mi exmarido. Además volví a ver (pero ACÁ) a mi antiguo sensei de aikido. En octubre me corté el pelo cortito, cortito. Me veo como un niño pero me encanta.
En noviembre volví a ver a Javier y conocí a Mónica y “es como si nos conociéramos de toda la vida”. Cocinamos muchas cosas y bebimos muchas otras. Prometimos seguir reencontrándonos. En noviembre aniquilé al twitter, me jodí la rodilla, fui a conciertos y obras de teatro memorabilísimas, conseguí el trabajo actual y empecé a buscar maneras de dejarlo. En noviembre mi chico y yo jugamos a las antípodas pero al revés. Y no nos gustó “esse negócio de viver longe de mim”.
En diciembre compré una maravillosa estufa de kerosene. Todavía no entiendo cómo pude haber vivido sin ella. Además fuimos a la maravillosa Kanazawa. Pasé una (inusitadamente) muy feliz navidad. Y empecé un trabajo que, a una semana de su inicio, ya odio.
Este año no leí tanto como hubiera querido pero leí más que el año pasado. Ví muchas películas, escuché mucha nueva música (aunque no compré casi nada), viajé un poquito, como para no perder la práctica. Hice mucho aikido, pero no escribí ningún artículo. Quise mucho y me quisieron mucho. Y se me olvidan muchas cosas, seguro, pero así, en retrospectiva, no parece del todo un mal año.
Bueno, sacúdanse las orejas que se viene el del conejo. ¡Feliz nuevo año!
diciembre 28, 2010
diciembre 13, 2010
lucía
una yilé --perro andaluz--, un alfiler en tebas, la espada de siracusa.
no hay ojos que no ven.
seca
¿es habernos vuelto viejos lo que mató esa emoción? (escribo la palabra "emoción" y justo entonces las ganas irrefrenables de escribir que habían estado ahí, en la punta de los dedos, desaparecen). hay días en que soy un río seco. y como no oigo más mis propios cantos rodados, me enfurezco y tengo ganas de culpar al país, a la economía, al aikido, a la academia, a los enemigos, al invierno. "son ellos", digo acusadora, como esperando que ellos se sonrojen y se vean descubiertos y se entreguen y aparezca en todos los periódicos que los causantes de la sequía en el alma han sido puestos tras rejas y que mi nombre vuelve a ser "borbotón". he de reconocer que la metáfora es lamentable, justo cuando medio país se hunde en agualluvia y un cuarto se hunde en lodo.
una vez: es menester buscar el estremecimiento, la revolución. y dos segundos después: lo natural es la quietud, el sin-sobresalto. ¡que alguien resuelva este dilema, que algo revuelva este sistema! de tanto repetir la forma y las formalidades, de tanto creer que es cierto que lo que importa tanto es tanto saber, he olvidado que el secreto es aguzar la mirada, afilar la palabra.
yo sólo creo (de crear) ahí.
he aquí lo que te digo, in-mundo: no estoy lista para tener el alma-en-pena. el libro (aún por leer) que hiela la médula de emoción, la palabra justa para decir que nada puede decirse, la música que pare (de parir) lágrimas y ganas de bailar están ahí.