julio 31, 2011

madre

se cubre la cabecita rala para aparecer frente a la cámara. "sin pelo me siento desnuda", dice con una coquetería que a sus casi ochenta me parece encantadora. me muestra las pelucas, y trae la caja donde guarda las pañoletas. saca una a una las mil que debe haber y se las pone en la cabeza en un desfile improvisado. cuando saca una roja e inmensa, recuerdo: esa era la misma caja de la que yo sacaba (lo que yo creía que eran) trapos de seda para disfrazarme.
"cuando era niña yo jugaba a que tenía una sombrerería. en esa época la gente usaba sombreros, incluso acá, ¡con el calor que hace! después vino la guerra y la gente dejó de usar sombreros, las mujeres se cortaron el pelo y empezaron a usar pantalones. pero antes todos usaban sombreros. yo iba a la sombrería de al lado de la casa y pedía retales de fieltro. armaba sombreros para mis muñecas y los exhibía sobre palitos de colombina. a mi mamá le encantaba verme jugar. de niña nunca me faltó creatividad".
pienso en sus cuadros y en sus costuras, en los sacos que me tejió cuando niña y en las tardes en que me enseñó a tejer, en las clases de mecanografía, en la tesis sobre fernando gonzález, en las treinta matas de orquídea que cuidó y después tuvo que vender, en las novenas que cada año inventa, en el baúl de disfraces que nos armó con su ropa vieja y SÉ que tampoco ahora le falta creatividad. ella se agarra de un dios que parece no querer desampararla y se siente fuerte y feliz.

julio 07, 2011

tsuyu ake

es tal la sobredosis de twin peaks que cuando abro los ojos oigo la música de la cortinilla. me asusto. tiro el vaso que hay al lado del futón y los que anoche eran hielos se riegan por el tatami hechos agua. mierda. tengo que comerme los hielos también. la "manta helada" que me regalaron de cumpleaños ha perdido la capacidad de congelar después de ocho horas de contacto con mi piel. ahora es una gelatina tibia. para contrarrestar el efecto laurapalmer nos fuimos al cine. lloramos en biutiful (me dan ganas de ponerle una tilde a esa u) como si la historia fuera nuestra, pero cuando nos miramos a la cara nos damos cuenta de que la historia ES nuestra y de que no estamos llorando. leo libros digitales a cuentagotas: en la sala de espera del hospital leo una página que me hace pensar en cuánto quisiera poder escribir frases así de largas en japonés. ango. sakaguchi ango. dazai. osamu dazai. hoy vi cómo mi hueso roto se recupera: vi el tejido nuevo que empieza a rellenar la brecha. creo que a mí se me olvida todo el tiempo que tengo huesos. me imagino siendo una masita blanda y sanguinolienta, un licuadito de granada contenido en esta piel. el único hueso que siento es el hueso de la columna de mi madre, el hueso para el que el veneno no es remedio. pienso en él y pienso en moverlo como si fuera mío. otra vez estoy aquí, doblando grullitas de papel. cien, o doscientas o mil si pudiera. en realidad, lo que quisiera es tener entre mis manos sus manitas arrugadas. cuando niña me encantaban las uñas almendradas y las venas protuberantes de las manos de mi mamá. me gustaban tanto sus manos que haber visto un cigarrillo entre sus dedos larguísimos fue quizás la razón que me hizo fumar. que ahora yo ya no fume (¿¡que qué!?) no me impide seguir adorando esa imagen.