julio 29, 2010

credo

creo en el inconsciente, todopoderoso, creador de los sueños y las realidades, de todo lo errable y todo lo reprimible. creo en su hija, la escritura, nacida antes de todos los siglos, creada, no engendrada. creo en la mayoría de edad, en los poderes curativos de la caléndula y en los poderes preventivos de la equinácea. creo que sólo el amor salva, que la salvación es una ficción, que la mejor ficción es el amor. creo en la fragilidad de las voluntades, creo en la locura y en la tristeza. creo en la finitud del cuerpo y en las endorfinas. creo en los poderes ocultos a los que nunca perteneceré, que nunca me pertenecerán. creo en el complejo de edipo, en la angustia de castración y en la envidia primordial. creo que no estamos solos, creo en el sonido de una sola mano. creo en el sujeto-supuesto-saber y en la inutilidad de las drogas.
no espero la resurrección de los muertos ni la vida del mundo futuro.

idea tomada de acá.

julio 20, 2010

itálica

si me preguntan qué aprendí diría que no sé, que hay cosas de las que no se habla, que sólo se sienten aquí en el espacio entre el dedo gordo del pie y el que le sigue (¿cómo se llama ese dedo? ¿índice? ¿pero acaso indica algo?). no es metáfora, señores. es así. un día, de tanto aferrarse al piso los músculos de la planta del pie empiezan a doler. yo lo siento. de pronto una piedra me nace en el estómago y peso mil kilos. el maestro admite que por fin recuerda quien soy, y después dice que no soy la misma que antes. estás creciendo, me dice. y yo me muero un poquito de felicidad porque mi cuerpo es más mi cuerpo desde que aprendí a dar tumbos. no por un tú ni por un contigo, sino por un movimiento que es más fuerte que un pronombre.
hasta el viernes llovió. llovió. llovió. le creció moho a todo. zapatos, cama, piso, tina, paredes. larvas, babosas, hongos. pero también tomates y pimientos en la microhuerta frente a nuestra casa. pero el sábado salió un furioso sol que no ha parado de calentar. es verano. otra vez. y hace mucho calor, pero hay tantos planes que no hay tiempo para quejas.

julio 13, 2010

colombia es pasión

no soporto la mala leche, ni el apasionamiento irrefrenable con el que se abordan algunas discusiones. no todo se divide en "bien" y "mal", en quién mata y quién muere. no hay que ir siempre por algún equipo, no hay que estar siempre emocionado, no es un requisito ser tajante, se puede ser discreto, la imprudencia no es igual a la honestidad.

julio 07, 2010

so busy and yet

como tengo tanto que hacer, le cambio el look al blog. soy una neuroticaobsesivademierda que no para de procrastinar.

julio 05, 2010

lunes, otra vez

Los lunes me levanto (demasiado) temprano. Maldigo la hora, le doy un beso (si estuviere) y me voy al dojo. Siento los músculos de las piernas. No, no los veo: siguen ocultos debajo de la grasa que los redondea y los naranjea. Pero los siento. Están ahí, soportando un centro que pretende a la vez pesar una tonelada y ser ligero como pluma. Sudo, me ducho, me tomo un té (si hubiere con quién) y (si no) me voy. Doy una clase de inglés. Mi alumno, que quiere psicoanalizarse en inglés, discute un podcast sobre el quarter-life crisis. Nos reímos del concepto pero nos preguntamos por esta depresión generalizada que (¿nos?) impide a los jóvenes desear. Me como un sánguche o un nigiri, me subo a un tren, abro un libro e indefectiblemente caigo dormida dos frases después. Despierto una estación antes con el mismo susto de siempre de pasarme de largo. Una mujer me recoge en su carro y doy otra clase. Hablamos de comida, de flores, de viajes, o de maridos. El marido de una diseñó la rosa azul. El marido de otra tiene un puesto de ejecutivo. El marido de otra cultiva hortalizas. El marido de otra viaja a Alemania con frecuencia. Me río un poquito del matrimonio, pero lo disimulo bien. Me subo al carro, a la estación, al tren, a la bicicleta. Vuelvo a casa y lavo el kimono de aikido que para esta altura del día, apesta. Me ducho, me fumo un pucho, salgo a dar otra clase. Ella no habla, no sabe hablar, pero qué bien usa las manos, los gestos, los ojos. Me tomo un café y pienso en qué voy a comer a la noche. Pasta, probablemente. Los lunes son de pasta.

julio 01, 2010

cotorra

mi madre dice que a los cinco años, cuando regresaba del colegio, yo sacaba del fondo de la garganta un hola con corazón de trueno, tiraba el maletín en una silla y empezaba a hablar sin parar de lo que había pasado durante el día. "cual hidrante sin tapa". todas las tardes regresaba también mi hermano, apenas tres años mayor, al que un día tuve que defender de un par de brutos que le querían quitar la regla roja que le habían regalado en su primera comunión. mi madre, con su usual repartición equitativa de atención y cariño, le preguntaba a su turno cómo había estado su día. "bieeeen", respondía él. yo no podía entender cómo no contaba de la leche que se le había estallado a su compañero de curso, o del profesor nuevo que tenía nombre de pájaro y al que los alumnos llamaban silbando. pero mi hermano no decía nada. era un poco como si estuvieramos hechos de material distinto: yo no podía procesar el día si no lo contaba, si no amarraba los eventos a las ideas y a los recuerdos. él quizás sentiría que la red de hechos de un día se podría deshilvanar si intentara sacarla por la boca.
pero crecimos: él hizo cuentería postadolescente y se convirtió en profesor y conferencista, y yo aprendí a hablar en muchas lenguas que nadie entiende y nadie oye. él ahora habla sin parar y yo no puedo empezar a articular palabras.

sin embargo, este post no es sobre mi hermano.