toda la tarde tuve las mejillas rosadas y los labios encendidos. parecía maquillaje. y me gustaba que esta cara pálida se viera un poco menos annafrankesca, pero me incomodaba la sensación de tener una nuez dentro de la cabeza, en lugar de un cerebro.
volví a casa justo cuando se largó a llover y me enchufé el termómetro. efectivamente: era fiebre.
me duelen las articulaciones y en lugar de amígdalas tengo dos pelotas de golf. cuando era niña me enfermaba a cada rato. amigdalitis constante y la penicilina dejó de hacer efecto. la fiebre cada vez subía más alto y más rápido. trips de 41 grados eran frecuentes. en esas noches de delirio solía ver círculos de colores que crecían y decrecían al ritmo del corazón.
cuando me da fiebre me siento como viéndome desde afuera de mi propio cuerpo. y el tiempo se vuelve de goma. a veces todo es lento, todo fluye a la velocidad de la crema. y de pronto se dispara el ritmo y parece un río desbordado.
hoy me comí un caramelo gigante y transformista, traido expresamente desde NY. en treinta minutos pasó de verde a rojo a amarillo a naranja y finalmente a chicle. la lengua se me puso de todos los colores. pensé: las lenguas sanas son rosaditas y parecen caracoles. la mía es resquebrajada y blancuzca. un horror.
en estado febril es justo escuchar "feel like going home". es así: cuando estoy enferma me vuelvo débil, niña, consentida. cuando estoy sana me creo capaz de poner al mundo a girar en la palma de mi mano, pero se quiebra un poquito la salud y yo lloriqueo pidiendo protección.
mommy, dearest, hold me tight...
febrero 27, 2007
febrero 25, 2007
yo la tengo
ayer sangró el dedo gordo de mi pie derecho. en las manos, pequeñas ranuritas causadas por el frío.
quisiera haber tomado una foto de la guitarra fucsia de doce cuerdas: esos son los detalles que importan. eso y un oso colgado de un amplificador. un crescendo perfecto, hasta llegar al paroxismo a ritmo de maracas. ¿alguna vez han visto un muppet tocando piano? yo sí. y además era igualito a mi amigo filósofobenjaminiano. y ella...
ir desde una guitarra que sigue sonando en el oído dos días después hasta una melodía que podría dormir niños. "well, i used to have the notion i could swim the length of the ocean...". ir de más a menos en un instante, y luego volver de regreso. una antes de partir, una antes de entrar, una antes de empezar, una antes de terminar, una antes de regresar.
me di cuenta de que además me muerdo el labio inferior cuando bailo. in case you care.
me duele la panza, me duele el pecho. debería dejar de fumar pero no tengo ganas. y no tengo ganas de nada. literalmente.
en el camino a Osaka, ver a través de la ventana a dos niñitas bailando enloquecidas al ritmo de una canción que ellas mismas están inventando as they sing.
san spikelee bendito, ilumíname, for i just want to do the right thing.
no se ha ido la sensación de que el tiempo está desarticulado.
quisiera haber tomado una foto de la guitarra fucsia de doce cuerdas: esos son los detalles que importan. eso y un oso colgado de un amplificador. un crescendo perfecto, hasta llegar al paroxismo a ritmo de maracas. ¿alguna vez han visto un muppet tocando piano? yo sí. y además era igualito a mi amigo filósofobenjaminiano. y ella...
ir desde una guitarra que sigue sonando en el oído dos días después hasta una melodía que podría dormir niños. "well, i used to have the notion i could swim the length of the ocean...". ir de más a menos en un instante, y luego volver de regreso. una antes de partir, una antes de entrar, una antes de empezar, una antes de terminar, una antes de regresar.
me di cuenta de que además me muerdo el labio inferior cuando bailo. in case you care.
me duele la panza, me duele el pecho. debería dejar de fumar pero no tengo ganas. y no tengo ganas de nada. literalmente.
en el camino a Osaka, ver a través de la ventana a dos niñitas bailando enloquecidas al ritmo de una canción que ellas mismas están inventando as they sing.
san spikelee bendito, ilumíname, for i just want to do the right thing.
no se ha ido la sensación de que el tiempo está desarticulado.
febrero 23, 2007
.
"siempre estás compitiendo".
es cierto.
siempre.
y siempre pierdo.
aunque gane.
hoy a la una de la tarde me cayeron encima -al mismo tiempo- una alegría y una tristeza.
es cierto.
siempre.
y siempre pierdo.
aunque gane.
hoy a la una de la tarde me cayeron encima -al mismo tiempo- una alegría y una tristeza.
febrero 21, 2007
automa-tic
varias cosas, todas en desorden.
este febrero está inusualmente caliente y yo no sé si tengo que alegrarme porque sobreviví a otro invierno, putas estaciones, por qué el mundo entero no puede vivir el perfecto estado tropical, para qué mierda tiene que cambiar de verano, caliente, limón y río, a hojas que se caen, nieve en la acera, gripa permanente, necesidad de hibernar, por qué el mundo no puede vivir en el constante perfecto veintitrés grados centígrados a la sombra, por qué la gente que conoce las estaciones no puede imaginar un mundo en el que no existan. pero no sé, digo, si debo algrarme por haber sobrevivido o si debería preocuparme porque el calentamiento global y ajá. cuando se derritan todas las nieves del Huila, cuando otro y otro y otro pueblo sean sepultados por la lava barrosa, las nieves perpetuas fundiéndose, ¿me lamentaré por haber dicho que lo mejor es un invierno en el que uno no necesita ponerse más de tres capas de ropa encima? parece el fin del mundo, dijiste hoy. por las noches, antes de dormir, leo blackjack. yo no soy una fanática de manga, pero Tezuka Osamu era un genio y al que le quepa alguna duda de eso bien puede venir a enfrentarse a golpes conmigo. igual, estoy así: a punto de agarrarme con cualquiera, con la pinche viejita kyotense que no quiere no quiere no quiere no quiere esperar para entrar al tren y se cuela por entre dos personas cuarenta centímetros más altas que ella para meterse de primera e igual tener que viajar parada hasta Sanjo. o con el terpista físico que cree que porque le he pedido un masaje en los hombros puede tocarme las tetas. la historia de la chica a la que le transplantan una retina en la que ha quedado impresa la imagen de un cierto hombre, me tiene loca. a veces muero estrangulada. a veces resucito y veo hombres que no existen sino en las esquinas de mis propios ojos. todas las historias ya fueron escritas algún día sobre algún papel, y todos estamos simplemente recitando un libreto que nos han trasfundido con sangre, entra. las tardes de sol me dan ganas de tener una libretita de hojas rojas sobre las cuales sentarme a escribir estas ganas de ser yo de otra manera. ¿lo verdaderamente importante es ser sincero con uno mismo?, me pregunto, pero también me muerdo las uñas como desde hace seis años no. tengo todos los vicios orales: fumo, me muerdo las uñas, como en exceso, hablo en exceso, me chupo el labio inferior siempre, pero sobre todo cuando hago aikido, y recién me di cuenta hace un par de días. me lamo los dientes por dentro, me chupo los cachetes por dentro. ¿será por eso que ahora me duele la garganta? acá dicen que despues de dos años hasta a los extranjeros les da fiebre de heno. yo me reía y decía que a los nacidos en el trópico esos cuentos no nos hacen mella. pero llevo tres días estornudando, con la nariz hecha un charco. y no es gripa, y no es llanto. ha de ser un frío maluco que se me metió por la cabeza. yo quería rasurarme el coco hace apenas unos meses, pero mis social concerns me lo impidieron. ahora hasta las estrellas de pop se quitan el pelo y a mí -amanojaku- ya no me dan ganas. entonces preferiría pintarme el pelo de negro pez, pero -es cierto- yo nunca he visto la tal pez... alguien me dijo que hay bailarinas que untan las suelas de sus zapatos con pez para deslizar bien. habría que aprender a bailar flamenco, me digo otra vez, porque las bailaoras son recias y tienen una mirada de entre rabia y tristeza a la que no se enfrentaría nadie. anoche soñé. soñé que viajaba dentro de un transmilenio rojorojorojo. un niño que había desactivado su bomba dormía entre mis brazos el sueño más duro que haya visto. un hombre con un paquete inmenso entre las piernas era acusado de esconder otra bomba. y un tipo más allá amenazaba con una pistola pequeñita: o desarman las bombas o mato a este niño. yo tenía entre mis brazos a un futuro muerto. tanta violencia, tanto miedo, el bus parecía rojo de sangre, y todos con tanto miedo de morir, y a la vez con tantas ganas de matar. fue la película, dijo P. y a mí no me pareció del todo mala, de verdad. tanto tiempo sin ver una peli colombiana... pero todo llega tarde. las películas, sobre todo, llegan tarde acá.
y digo todo esto con la certeza (casi escribo cerveza) de que mañana podría estar diciendo lo contrario. porque de constancia, poco. y el que diga que sí, miente.
este febrero está inusualmente caliente y yo no sé si tengo que alegrarme porque sobreviví a otro invierno, putas estaciones, por qué el mundo entero no puede vivir el perfecto estado tropical, para qué mierda tiene que cambiar de verano, caliente, limón y río, a hojas que se caen, nieve en la acera, gripa permanente, necesidad de hibernar, por qué el mundo no puede vivir en el constante perfecto veintitrés grados centígrados a la sombra, por qué la gente que conoce las estaciones no puede imaginar un mundo en el que no existan. pero no sé, digo, si debo algrarme por haber sobrevivido o si debería preocuparme porque el calentamiento global y ajá. cuando se derritan todas las nieves del Huila, cuando otro y otro y otro pueblo sean sepultados por la lava barrosa, las nieves perpetuas fundiéndose, ¿me lamentaré por haber dicho que lo mejor es un invierno en el que uno no necesita ponerse más de tres capas de ropa encima? parece el fin del mundo, dijiste hoy. por las noches, antes de dormir, leo blackjack. yo no soy una fanática de manga, pero Tezuka Osamu era un genio y al que le quepa alguna duda de eso bien puede venir a enfrentarse a golpes conmigo. igual, estoy así: a punto de agarrarme con cualquiera, con la pinche viejita kyotense que no quiere no quiere no quiere no quiere esperar para entrar al tren y se cuela por entre dos personas cuarenta centímetros más altas que ella para meterse de primera e igual tener que viajar parada hasta Sanjo. o con el terpista físico que cree que porque le he pedido un masaje en los hombros puede tocarme las tetas. la historia de la chica a la que le transplantan una retina en la que ha quedado impresa la imagen de un cierto hombre, me tiene loca. a veces muero estrangulada. a veces resucito y veo hombres que no existen sino en las esquinas de mis propios ojos. todas las historias ya fueron escritas algún día sobre algún papel, y todos estamos simplemente recitando un libreto que nos han trasfundido con sangre, entra. las tardes de sol me dan ganas de tener una libretita de hojas rojas sobre las cuales sentarme a escribir estas ganas de ser yo de otra manera. ¿lo verdaderamente importante es ser sincero con uno mismo?, me pregunto, pero también me muerdo las uñas como desde hace seis años no. tengo todos los vicios orales: fumo, me muerdo las uñas, como en exceso, hablo en exceso, me chupo el labio inferior siempre, pero sobre todo cuando hago aikido, y recién me di cuenta hace un par de días. me lamo los dientes por dentro, me chupo los cachetes por dentro. ¿será por eso que ahora me duele la garganta? acá dicen que despues de dos años hasta a los extranjeros les da fiebre de heno. yo me reía y decía que a los nacidos en el trópico esos cuentos no nos hacen mella. pero llevo tres días estornudando, con la nariz hecha un charco. y no es gripa, y no es llanto. ha de ser un frío maluco que se me metió por la cabeza. yo quería rasurarme el coco hace apenas unos meses, pero mis social concerns me lo impidieron. ahora hasta las estrellas de pop se quitan el pelo y a mí -amanojaku- ya no me dan ganas. entonces preferiría pintarme el pelo de negro pez, pero -es cierto- yo nunca he visto la tal pez... alguien me dijo que hay bailarinas que untan las suelas de sus zapatos con pez para deslizar bien. habría que aprender a bailar flamenco, me digo otra vez, porque las bailaoras son recias y tienen una mirada de entre rabia y tristeza a la que no se enfrentaría nadie. anoche soñé. soñé que viajaba dentro de un transmilenio rojorojorojo. un niño que había desactivado su bomba dormía entre mis brazos el sueño más duro que haya visto. un hombre con un paquete inmenso entre las piernas era acusado de esconder otra bomba. y un tipo más allá amenazaba con una pistola pequeñita: o desarman las bombas o mato a este niño. yo tenía entre mis brazos a un futuro muerto. tanta violencia, tanto miedo, el bus parecía rojo de sangre, y todos con tanto miedo de morir, y a la vez con tantas ganas de matar. fue la película, dijo P. y a mí no me pareció del todo mala, de verdad. tanto tiempo sin ver una peli colombiana... pero todo llega tarde. las películas, sobre todo, llegan tarde acá.
y digo todo esto con la certeza (casi escribo cerveza) de que mañana podría estar diciendo lo contrario. porque de constancia, poco. y el que diga que sí, miente.
febrero 20, 2007
febrero 15, 2007
memorias (nantonaku 1)
con un agradecimiento por recordarme lo de recordar
la primera vez que me monté en un avión tenía cinco años. quizás antes de eso ya lo hubiera hecho (aunque es bastante improbable) pero no lo recuerdo. en cambio, la imagen de esa vez está claramente impresa en mi memoria. mis cinco años estuvieron marcados por los aviones. en uno de ellos había visto irse a mi papá. lo vi montarse en el aparato alado, que se levantó del suelo como por arte de magia, y después ya no lo vi más en casa por un tiempo. un día le pregunté a mi mamá si se había muerto. ¿muerto?, contrapreguntó ella a punto de estallar en lágrimas. y sí, muerto. yo lo había visto con mis propios ojos: mi papá se había ido al cielo, como el abuelito. mi mamá intentó explicarme que esa era otra manera de irse al cielo y que mi papá existía en otro lugar, aunque yo no lo viera. tal vez yo nunca le creí del todo. unos meses después ella y yo nos montamos en ese primer avión, que nos llevaría al lugar donde estaba mi papá. yo también, pues, me iba al cielo. recuerdo con claridad el terror que me atacó. yo no quería subirme a esa caja voladora, yo no quería morirme. en esa época uno subía a los aviones por una escalera de rodachines. entre peldaño y peldaño había un espacio vertical abierto por el que justo se fue uno de mis pies. el tropezón fue menor y no me di ningún golpe grave, pero desde ese momento tengo la certeza de que entre los aviones y yo no puede haber más que una relación atropellada.
febrero 14, 2007
hoy
miércoles.
una de la tarde y aún en piyama.
sueño.
sed.
ganas de ganarme la lotería e irme de inmediato a otro lugar.
tinnitus insoportable en el oído derecho.
en modo hikikomori.
creo que es el día perfecto para empezar el manga que me compré el finde.
una de la tarde y aún en piyama.
sueño.
sed.
ganas de ganarme la lotería e irme de inmediato a otro lugar.
tinnitus insoportable en el oído derecho.
en modo hikikomori.
creo que es el día perfecto para empezar el manga que me compré el finde.
febrero 09, 2007
autocensura
porque nada, *nada* es tan importante.
como diría vale, dejáte'e joderrrr.
es cierto.
besos y abrazos a la fanaticada.
como diría vale, dejáte'e joderrrr.
es cierto.
besos y abrazos a la fanaticada.
febrero 06, 2007
febrero 05, 2007
cosas que ocurren cuando uno pasa una noche en blanco

-en el camino de regreso a casa, vi la luna anaranjada y las nubes a su alrededor, moradas. parecía un cielo de fin de mundo.
-sus dedos golpeaban el teclado en este orden: a-r-a-t-a-m-e-t-e. cuando en la pantalla apareció el kanji encurvado y cuadradito que significa "de nuevo", sentí que se me abrían los ojos. en ese momento el aire me olió a humo de fogata, no de cigarrillo.
-esta noche está tibia. sin embargo, yo tengo escalofríos. es como si un frío helado saliera de entre mis huesos.
-estoy mal. buena noche. me voy a morir un poco.
febrero 04, 2007
隠喩的な体験
Hay días en que fumo uno tras otro.
Hay días en que no fumo ninguno.
Y esos días en que no fumo ninguno me siento redimida de todos los que he fumado antes. Como si por haber pasado un día en limpio se hubiera borrado la culpa de todos los anteriores. Esos días me siento diáfana, como recién regresada a un estado primario, virginal. “Soy inocente”, me digo, “podría incluso tirar la primera piedra”.
Y luego hay días en que los veo ahí, sobre mi escritorio. Con sólo verlos tan listos para ser encendidos, me siento tentada. Luego tomo uno entre los dedos, lo balanceo como preguntándole si de veras quiere que le prenda fuego. Lo tengo un rato entre los labios y me siento de nuevo al borde de la culpa. Lo enciendo y doy una pitada larga. El humo caliente es como miles de dagas. Me imagino, durante un minuto que dura años, cuando sea una viejita tísica y arrugada. "Sé que me vas a matar", le digo. Y doy la segunda pitada. A la tercera me olvido.
Pero hoy no fumé ninguno.
Y me siento un capo.
Hay días en que no fumo ninguno.
Y esos días en que no fumo ninguno me siento redimida de todos los que he fumado antes. Como si por haber pasado un día en limpio se hubiera borrado la culpa de todos los anteriores. Esos días me siento diáfana, como recién regresada a un estado primario, virginal. “Soy inocente”, me digo, “podría incluso tirar la primera piedra”.
Y luego hay días en que los veo ahí, sobre mi escritorio. Con sólo verlos tan listos para ser encendidos, me siento tentada. Luego tomo uno entre los dedos, lo balanceo como preguntándole si de veras quiere que le prenda fuego. Lo tengo un rato entre los labios y me siento de nuevo al borde de la culpa. Lo enciendo y doy una pitada larga. El humo caliente es como miles de dagas. Me imagino, durante un minuto que dura años, cuando sea una viejita tísica y arrugada. "Sé que me vas a matar", le digo. Y doy la segunda pitada. A la tercera me olvido.
Pero hoy no fumé ninguno.
Y me siento un capo.
febrero 01, 2007
relatividad
justo cuando me alistaba para entrar en el último círculo del infierno mental, y para maldecir mi destino histérico-patético, recibí su llamada.
recordé que ningún estado puede ser peor que el de quien ha sobrevivido al ras una amenaza de muerte, una vida en el exilio, una madre enferma de cáncer en la distancia, y una amarga separación.
soy una pendeja patética.
y tú, una diosa.
ánimo, bonita.
recordé que ningún estado puede ser peor que el de quien ha sobrevivido al ras una amenaza de muerte, una vida en el exilio, una madre enferma de cáncer en la distancia, y una amarga separación.
soy una pendeja patética.
y tú, una diosa.
ánimo, bonita.
escrito con rabia
Por un lado, la sensación de impotencia al enfrentarse con el desasosiego de la decisión. No hay ningún camino que uno pueda emprender sin sufrir la decepción de perder lo que aún no ha conseguido. Por otro lado, la sensación de ubicarse a uno mismo en el centro del universo y creer que todos los planetas giren alrededor suyo. Perder esta posición central en el universo en un sentido ontológico es lo que Freud llamó las grandes heridas narcisísticas de la humanidad. Cuando Galileo afirmó ante su hipotética audiencia que no era el sol el que giraba alrededor de la Tierra, sus oyentes aterrados quizás no consiguieron creer que, en efecto, su ombligo no era el del mundo y lo condenaron a la hoguera... Sólo para conseguir un arrepentimiento que mascullaba “eppur si muove...”. En el complejo de Edipo, el niño que descubre que el objeto del deseo de la madre es un objeto que se encuentra más allá de él mismo (es decir, que él no es el centro del universo materno y que hay algo más allá de él mismo que es deseado a través suyo) es lo que produce la primera descentralización que da origen al sujeto. Este sujeto, que no es más que una armazón vacía que se viste con las pieles de cada uno de los seres humanos que nacemos en el mundo, este sujeto es un sujeto indefectiblemente sufriente. Sufre por la imposibilidad de ser esa ficción, sufre por no estar en el corazón de todas las cosas.
Esto, por supuesto, da origen a movimientos diferentes del poder: ante la ficción de no poder ser la médula del universo, los hombres hemos inventado modos de hacernos a la fuerza a un lugar que imite esta médula. Aplastamos al que no nos adora, entronizamos al que nos adora. El mundo se mueve a partir de los juegos narcisistas a los que damos lugar con nuestro inagotable egoísmo.
El año nuevo oficialmente empieza este fin de semana. Un mes después del rompimiento del nuevo año occidental. Dice O que si durante los días del año nuevo (el inicio de la primavera) uno se baña en aguas de manantial, volverá a ser aquél que fue durante el año previo. Es una manera de rejuvenecer: volviendo a ser el que se fue antes se consigue regresar en el tiempo.
¿Por qué existe la fantasía del regreso a una juventud previa? Por un lado, por supuesto, está el innegable temor a la muerte, que es la única consecuencia cierta del envejecimiento. Los humanos, aterrados ante lo incognoscible de la muerte, nos aferramos a lo único que sí podemos conocer: el pasado, la vida. Sin embargo, ¿por qué la fantasía de permanecer eternamente jóvenes y no, simplemente, eternamente inmortales? Quizás porque de nada serviría una vida eterna si ésta no es una vida eternamente joven.
El deseo (humano) es siempre contranatura. Si lo natural es pasar de la juventud a la vejez y de ésta a la muerte, el deseo estará siempre dispuesto a hacernos buscar lo imposible: la juventud que no muere. ¿No es todo de esta manera en el ser humano? Si la vertiente natural del sexo es funcionar como mecanismo para la procreación, el goce amarrado a la sexualidad no puede ocurrir más que como un movimiento contra la “naturaleza” de éste, desligada de cualquier intento de procreación, desde las vertientes más “puras” del encuentro amoroso que no buscan más que el placer por el placer hasta las más desviadas prácticas de alcoba en las que lo último que entra en juego es la naturaleza (animal) del hombre.
Plantear el problema en términos de cuerpo y alma es, desde ya, un error. La separación del humano en dos entidades, una de las cuales subyuga a la otra, o la comanda, es una falacia platónica. ¿Es posible pensar un humano sin lenguaje? Sin embargo, ¿qué fue primero, el lenguaje o el hombre? El que piensa en estos términos es ya un humano sumergido en el lenguaje. Pensar en una condición del humano sin lenguaje no es más que un juego de palabras. Ahí está lo chueco de este planteamiento.
Esto es todo lo que hoy no quería escribir.
Tengo *tanta* rabia, tan inexplicable...
Esto, por supuesto, da origen a movimientos diferentes del poder: ante la ficción de no poder ser la médula del universo, los hombres hemos inventado modos de hacernos a la fuerza a un lugar que imite esta médula. Aplastamos al que no nos adora, entronizamos al que nos adora. El mundo se mueve a partir de los juegos narcisistas a los que damos lugar con nuestro inagotable egoísmo.
El año nuevo oficialmente empieza este fin de semana. Un mes después del rompimiento del nuevo año occidental. Dice O que si durante los días del año nuevo (el inicio de la primavera) uno se baña en aguas de manantial, volverá a ser aquél que fue durante el año previo. Es una manera de rejuvenecer: volviendo a ser el que se fue antes se consigue regresar en el tiempo.
¿Por qué existe la fantasía del regreso a una juventud previa? Por un lado, por supuesto, está el innegable temor a la muerte, que es la única consecuencia cierta del envejecimiento. Los humanos, aterrados ante lo incognoscible de la muerte, nos aferramos a lo único que sí podemos conocer: el pasado, la vida. Sin embargo, ¿por qué la fantasía de permanecer eternamente jóvenes y no, simplemente, eternamente inmortales? Quizás porque de nada serviría una vida eterna si ésta no es una vida eternamente joven.
El deseo (humano) es siempre contranatura. Si lo natural es pasar de la juventud a la vejez y de ésta a la muerte, el deseo estará siempre dispuesto a hacernos buscar lo imposible: la juventud que no muere. ¿No es todo de esta manera en el ser humano? Si la vertiente natural del sexo es funcionar como mecanismo para la procreación, el goce amarrado a la sexualidad no puede ocurrir más que como un movimiento contra la “naturaleza” de éste, desligada de cualquier intento de procreación, desde las vertientes más “puras” del encuentro amoroso que no buscan más que el placer por el placer hasta las más desviadas prácticas de alcoba en las que lo último que entra en juego es la naturaleza (animal) del hombre.
Plantear el problema en términos de cuerpo y alma es, desde ya, un error. La separación del humano en dos entidades, una de las cuales subyuga a la otra, o la comanda, es una falacia platónica. ¿Es posible pensar un humano sin lenguaje? Sin embargo, ¿qué fue primero, el lenguaje o el hombre? El que piensa en estos términos es ya un humano sumergido en el lenguaje. Pensar en una condición del humano sin lenguaje no es más que un juego de palabras. Ahí está lo chueco de este planteamiento.
Esto es todo lo que hoy no quería escribir.
Tengo *tanta* rabia, tan inexplicable...
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