
últimamente me despierto en las noches sin saber en qué idioma hablar. a veces grito "¡bicho!" y a veces salgo corriendo despavorida, huyendo del hueco que se abre en mi cabeza al dormir. no sé si estar siempre feliz sea difícil, o si sea simplemente un propósito idiota. el caso es que en mis sueños tengo pánico y durante el día quiero sentir que soy querida. así es que-- limpio la casa de cabo a rabo, desinfecto la tina, tiro la cebolla prehistórica sobre la que crecía una amplia gama de hongos multicolor, hago la tira de banderines de color que adornará la entrada del callejón, preparo la linterna y la bandera (no patria), pienso en una canción tropical apropiada para la recepción, doy dos clases de inglés, me siento junto al río a comer una dona de chocolate con chocolate y chocolate, hojeo watchmen y cocino una tortilla de patatas.
como si fuera una terapia.
como si vivir fuera una terapia.
en un abrir y cerrar de ojos llega de nuevo noviembre y el mundo sigue dando vueltas. me monto una pequeña celebración interna: la fiesta del yerro y el eterno retorno.
3 comentarios:
"Como si vivir fuera una terapia".
Es exactamente lo que estoy sintiendo, poniéndole demasiada atención a cómo se desliza la espuma sobre los platos que lavo, a cómo escojo una calabaza y no otra en el mercado, al color de la luz a través de la ventana. Es bien extraño esto.
hay que tener los ojos bien abiertos pero no dejarse arrastrar por esa sensación. a mí a veces me aterra: es como si todo tuviera DEMASIADO sentido...
y a mí me parece que en cierta forma yo busco -anhelo- que todo tenga sentido. el problema es cuando el sentido se me antoja TANTO que me quedo clavada en los instantes. pero quizás estoy hablando de otra cosa.
ay Lucía, es lindo leerte, encontrarte en este lugar tranquilo, pero sería más lindo un día charlar con viento y café en medio.
ya vendrá el día, y entonces quizás tendré más coherencia en lo que quiero decir. o quizás no, pero eso no importa demasiado.
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