completamente manipulable (¿o sólo tal vez?). en tiempos antiguos, el puesto más cercano a la puerta era el que merecían los de menor rango: cuando entraran los enemigos, con espadas prestas, el primero en morir sería el incauto que estuviera junto a la puerta. refunfuño pasito, siento el peligro de lágrimas rodantes pero me contengo. no puedo luchar contra las figuras paternas. vacío cajones y muevo los rodachines. ni un último cigarrillo me puedo fumar. presiento que mi rutina cotidiana perderá el sentido y, de un golpe, seis años de historia se vuelven humo.
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