febrero 18, 2009

febrero

me indigesté de palabras. será por eso que me duele la panza. intento hacer una lista (la que sea, el top tres de los lugares en los que no quisiera vivir, por ejemplo), pero tampoco. la cosa da cuenta de lo poco que leo en español. además, las circunvoluciones del cerebro se enredaron como pelo de niña necia y ya no puedo pensar en línea recta. tengo un as bajo la manga, pero no sé cómo, cuándo, para qué sacarlo. hoy tembló y mi apartamento (buen bailarín) se movió al ritmo. a veces, cuando pasan los buses, también se menea, pero lo de hoy fue diferente. me desperté, me vestí y visité al monje de ochenta años con el que, una vez por semana, converso en inglés. hablamos de toronjas, mandarinas, naranjas, pomelos y un cítrico chiquito que conozco desde niña. en mi casa lo llamábamos "mandarina japonesa". en japón, claro, no se llama japonesa. ni mandarina. pero tampoco las tostadas francesas se llaman así en francia. ¿y la ensalada rusa? ¿y la rueda de chicago? pegué las postales del viejo guitarrista y la planchadora. el hombro izquierdo de cada uno me estremece hasta la médula. qué cubismo ni qué pan caliente. el periodo azul es lo mejor.

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