septiembre 29, 2008

el nombre propio es un asunto serio

me siento en la recepción a esperar que no venga nadie a quien recibir. con media hora de atraso aparece un hombre gordo y alto, calvo y tembloroso, rodeado de tres mujeres que parecen su sombra tripartita. está furioso porque las indicaciones no habían sido suficientemente claras, porque el mapa no decía con precisión a dónde debería dirigirse, porque no había nadie allí para señalarle el camino. descarga su primera ráfaga de furia y se apresta para cargar su boca con la siguiente munición de colera. de la maleta saca un sobre en el que se lee un nombre que mi miedo me impide reconocer. éste no es mi nombre, dice, no pueden equivocarse con esto. si la carta llegó a destino es porque el cartero me conoce bien. pero el nombre aquí escrito... ése no soy yo. miro el tachón y la corrección que él mismo se ha asegurado de escribir junto al kanji equivocado, dejando lugar para que ambos, el falso y el verdadero nombre, pudieran ser leídos. pero no consigo descifrarlos. me siento como intentando leer jeroglíficos, como frente a una escritura que nunca antes hubiera visto. busco su nombre en la lista y no lo encuentro. para este momento todos los caracteres habían perdido su condición de letras y se veían sólo como conjuntos de rayitas y palitos dispuestos en un orden aleatorio. en una larga lista de garabatos que no dicen nada, busco un nombre que no puedo reconocer. a mi lado, los ojos de otra extranjera querían salirse de su orbita mientras me pedian a gritos no preguntar nada. decido, entre losientomuchos y discúlpemes, pedirle que escriba su nombre en una hoja en blanco, y le aseguro que tal error nunca se repetira. mientras los dedos gordos y temblorosos mueven el lápiz despacio por entre los guiones tengo el tiempo para pensar que estoy muriendo de miedo y no sé por qué. uno puede equivocarse con lo que sea, me dijo, pero un nombre propio, eso es algo de cuidado. hago una venia profunda y espero a que baje las escaleras. recobrando la calma y el aliento intento de nuevo leer su nombre. para mi sorpresa, puedo leerlo como si fuera evidente. los dos caracteres dicen francamente y sin rodeos: Mishima.