enero 14, 2008

white cat, white cat

hay un templo budista abandonado en una esquina. tiene un jardín enorme, que da la espalda al lugar donde los dos ríos se vuelven uno. está desbaratado; las malezas se han metido entre las tejas y el tiempo se ha comido la base de cada columna. la decadencia en su punto más bonito. hay una reja de púas que vigila el frente y una tapia trasera, alta y vieja, que nadie salta.
adentro, sólo fantasmas, quizás. y dos gatos blancos. uno se lame las heridas aún sangrantes y el otro duerme la tarde invernal de kyoto.

4 comentarios:

Chiquilín de Bachín dijo...

Geniales me parecieron los últimos tres posts.

maria correa dijo...

¡bachín, qué lindo tenerlo de regreso! ¿qué tal lo trató el sur?

ru dijo...

que lindas imagénes que nos has regalado Lucía, que lindas!

maria correa dijo...

niña rú, lindo como ven sus ojos. juiciosísima con el aikido, no?