volví a casa antes de que se soltara la lluvia que todavía no para. dando tumbos, estrellándome contra cada vértice de este mundo demasiado puntiagudo. y no, no eran las cervezas: la fiebre sube en la misma proporción que el delirio. siento mi cuerpo como si estuviera hecho de fibra de vidrio. sueño sueños en espiral, que se repiten y se traducen de una lengua a otra. me levanto a las tres, a las cuatro, a las cinco y a las ocho. duermo, pero no duermo. me tomo una pastilla más pero la raya de mercurio no se mueve.
quietud. quietud. quietud.
3 comentarios:
Que te mejores pronto, Lucía.
Te mando un abrazo fuerte y transoceánico.
oh Lucía, cuídate mucho. ¡abajo la fiebre! Espero que para ahora ya estés muchísimo mejor de salud -y que te mantengas así-. Un abrazote.
¡gracias a las dos por los buenos deseos! la fiebre pasó, pero según parece el daño cerebral es permanente... ;)
abrazos
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