diciembre 04, 2013

alfa y omega

la primera vez que te vi estábamos en la diecinueve con tercera. era sábado por la mañana. yo tenía puesta la misma ropa del viernes, pero tú no lo sabías. yo era la niñita que iría a reemplazar temporalmente al mujerón. yo era una novedad. yo era de la nacional, de provincia, yo no estudiaba literatura, yo era harina de otro costal. cuando nos encontramos, yo con mis ojos de conejo asustado y tú con tu fama de ser la más fuerte, la más tesa, nos encontramos para siempre. tú me sonreíste. cada vez que me acuerdo de esa sonrisa pienso que era una sonrisa de curiosidad y compasión. pero no era de mentira. desde el principio tú eras la verdad.

la última vez que nos vimos estábamos en la ochentaycinco con quince. nos acabábamos de bajar del carro de c. y tú ibas a subirte a un taxi. habíamos ido a la calera a comer y a mirar la ciudad desde arriba. tu tenías una falda larga, larga, hasta el piso, y ya habías aprendido a manejar las muletas con destreza. sabías moverte para que no se notara que ahora eras flamingo. tenías la melena negra y brillante que siempre tuviste. tenías los ojos grandes y brillantes, la mirada de mujer brava, las manotas grandes y tibias, tenías la misma voz dulce y la misma fuerza de siempre. te despediste bendiciéndome.

entre la primera y la última hubo muchas. hubo una tarde de masajes. hubo una noche de hashish. hubo otra tarde en la que le arrancamos las hojas a ese puto diario que me habían mandado de regalo y las tiramos por la ventana de mi apartamento en el treceavo piso mientras gritábamos cuanta palabra soez se nos ocurría. hubo noches de fiesta. hubo muchos cigarros. hubo una tarde de perros. hubo una tarde de tejido. hubo un pequeño viaje y una caminata por las montañas de soracá. hubo sinceradas demoledoras. hubo mucho, linda. mucho.

aunque empezamos las despedidas desde que apareció ese monstruo que te consume el cuerpo por dentro, hace ya tantos años, yo todavía no estoy lista.
quisiera que no te apagaras, luz, fuego, llamarada.
quisiera que de verdad fuéramos eternos.

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