diciembre 26, 2011

fin

anoche me desperté a la una de la mañana y juiciosa, como si de adelantar una tarea se tratara, me puse a llorar. lloré con mocos y suspiros sin saber exactamente por qué ni para quién. puede que sea el fin de otro año. puede que sea la distancia con el mítico lugar que llamamos "hogar" y que indefectiblemente se convierte en un ideal más lejano mientras más nos damos cuenta de que la única posibilidad de existencia está en el lugar donde uno está. mi hogar va hasta donde mi piel llega, dijo alguien.
el caso es que hoy, con el alma restregada en aguasal, la nostalgia me cuece en fuego lento y ni triste ni dramática le empiezo a dar el golpe mortal a este -otro- año duro.
año 2011, año 34-35 de mi era: fuiste el año de jugar hasta el borde con la indecisión de estar acá o allá, fuiste el año de optar por el siempre esquivo "acá", de decidirse a entrar otra vez en el juego que dice que de a dos todo se puede. fuiste el año de trabajar durante tres meses que duraron mil en la recepción de un hotel que me hizo odiar a la humanidad más de lo que yo hubiera creído que soy capaz de odiar. 2011 se llevó a un abuelo que hubiera querido conocer, al tío alcohólico más dulce y dicharachero, y a unas veintemil personas que se tragaron el mar y la tierra. fue el año de la paranoia, de los extranjeros corriendo como gallinas descabezadas hacia un imposible lugar donde la muerte no los alcanzara, del quiebre en la fantasía japonesa. en 2011 regresó el puto cáncer que vive en el cuerpo de mi mamá, se fueron las ganas insaciables de fumar, vino un estelar maestro de aikido y con él muchas y largas sesiones de aprender el imposible arte de volver a levantarse cada vez que uno se cae. 2011 fue el año de ir a casa, de abrazar a la madre y llorar con la claridad de su visión de la muerte y la vida. fue el año de dar la última batalla con el nombre del padre y decidirse a abandonar una lucha que no se acaba ni con la muerte. fue el año de estar en ese otro lado del planeta con quien ahora hago hogar. en 2011 me volví tía abuela, me volví desempleada y después profesora de inglés, me volví discípula de tiempo completo de una maestra que me da el más duro garrote y las más dulces zanahorias, y me volví a imaginar que el futuro existe. en 2011 vi con mis propios ojos el verano de Kyushu (fantasía de Aoyama y sus pelis), caminé diez años después por los olores del deefe y anduve sobre las piedras que dan nombre al chico que yo quiero: el camino real (de barichara a guane).
2011: te despido con lágrimas y patadas, con más tragos de atsukan de los que debería beber, con músculos y labios, con promesas y amor, con rabia, con miedo, con ganas, ternura y reencuentro, con esperanza y con fiesta tras fiesta tras fiesta.
al dosmildoce y sus promesas de cambio de casa, trabajo, estado civil, modo de vida y condición mental le advierto que tengo listas las ganas y las fuerzas.
dragones del mundo: a sacudir las escamas. se vino nuestro año.

2 comentarios:

m. dijo...

Qué maravilla de balance.

Muchas felicidades para el 2012.

Mer

maria correa dijo...

Gracias, Mer linda. Un bonito 2012 para ti también (¡se ve que va a ser bueno!)
Abrazón.