hoy, extrañamente, hace calor. me desperté más tarde de lo que debía, con ganas de hacer lo que debía y lo que había dejado de hacer por... ¿estar ocupada? ¿haber perdido territorio para lo propio? tomé una taza de café de proporciones vergonzosas, hice tres de las diezmil labores que se apilan en mi lista y lloré recordando la escena en que Cassiel, borracho y deshecho, llora sobre el hombro de Marion. los ángeles son personajes tan tristes. bajé por la vera del río, flotando entre rojos y marrones y amarillos, repitiendo como un sutra las dos g de gorgeous. volví a un café que me hace sentir recién llegada a Kyoto. me senté al lado de un hombre de más de ochenta años que tomaba un té frente a un altarcito improvisado. la foto de una mujer de muchos años lo mira desde el más allá con dulzura. el hombre tiene una coletica de pelo, como los ángeles de berlín. siento el escozor en la garganta pero me contengo: otoño me pone demasiado llorona. pienso en la distancia y sin asomo de pánico concluyo que entre las noches contigo y las noches sin ti, prefiero mil veces las noches con ti.

3 comentarios:
viste cuando querés escribir algo, dejar huella de una lectura, un abrazo, y no se te ocurre qué decir excepto "bello, hermoso, íntimo"?
bueno, eso.
es un texto bello, hermoso e íntimo.
como tu blog.
:) la pura belleza. Un abracito pero bien fuerte, mi querida lucía :)
gracias por las bonitas palabras :)
Publicar un comentario