octubre 27, 2011
políticamente agnóstica
en general, me tiene bastante confundida esta ola mundial de manifestaciones. y no es porque no haya tenido yo misma mi época de activista: yo me puse el gorrito de baño (supuesto y absurdo símbolo de un hongo atómico) y protesté frente a la embajada francesa contra las demostraciones nucleares en el atolón de mururoa (dos palabras que aprendí en aquella época y que quizás nunca volví a usar-hasta hoy). esa vez, me acuerdo, un muchachito de unos veinticinco años, líder espontáneo del grupo en el que la edad promedio no debía superar los 20, nos dio unas tablas con hojas en blanco para que recogiéramos firmas. (¿qué se habrán hecho esos papeles, esas firmas? ¿los habrá visto alguien más que los treinta pelagatos consagrados a pedir autógrafos?) yo me paré en el costado occidental de la 15 y luchando a brazo partido contra la timidez le enrostré hoja y lápiz a cuanto parroquiano me pasaba por el frente. quizás dos o tres señoras de cuello largo y boca curva me ignoraron y quizás dos o tres universitarios trocaron sonrisa por firma: la verdad, no me acuerdo. del único que sí me acuerdo es del señor de gabardina: un tipo blanco, viejo y alto, al que interrumpí en la labor de caminar y masticar pan francés (lo juro). "señor, ¿no quiere firmar en contra de la posesión de armas nucleares?" el tipo contrapreguntó, escupiendo con cada consonante un pedacito de baguette "¿usted sabe qué son los fundamentalistas?" y comenzó a echar una perorata de más de quince minutos acerca de cómo sólo las demostraciones de poder bélico por parte de occidente pueden mantener a los fundamentalistas quietos y callados. el tipo no sólo no firmó sino que me llenó el papel de migas y babas y me partió el corazón de activista. él era el poder, yo era la estudiante, y entre los dos formábamos un cliché perfecto de la sociedad que ni aunque cambie se transforma. ¿me convertiré yo algún día en un viejo de gabardina que escupe miguitas de baguette a los estudiantes manifestantes? no sé. yo sigo creyendo que las armas nucleares deben ser abolidas, pero quizás eso sea sólo un dejo de haber estado en hiroshima y haber visto los restos de piel y pelo de la gente que calcinaron ese verano. o de vivir en permanente paranoia radioactiva. (¿cómo hay tantos reactores nucleares en el único país bombardeado atómicamente? fácil: fueron vendidos como la única posibilidad de un uso bueno, no bélico de la energía nuclear. muchos -no todos- hibakusha los apoyaron de buena fe). sin embargo, ya no sé si creo en las protestas. entiendo su lógica y apoyo el derecho a que existan; ha habido congregaciones (violentas y no) que han servido de gota que rebosa la copa para tumbar sistemas aparentemente indestructibles. quizás lo que me confunde de las manifestaciones actuales es que no entiendo hacia qué o quién dirigen su descontento clamor o qué cambio proponen. ayer estuve mirando lo que decían algunos manifestantes en varios rincones del mundo (todos miembros del mismo movimiento) y las razones para la protesta iban desde estar pasándosela muy bien con los otros manifestantes, hasta no tener suficiente para hacer mercado, entre muchas, muchas razones. lo que encontré en común en todas las razones es una specie de hartazgo por ser de la mayoría proletaria que trabaja para enriquecer a la minoría burguesa (en palabras mías y de marx, no de los manifestanes, claro, que la llevarían aún peor si además de todo fueran acusados de mamertos). ¿es decir, una queja contra el sistema capitalista? manifestaciones parecidas acabaron derrocando en varios países gobiernos comunistas, que se parecían mucho al sistema capitalista en lo de las mayorías y las minorías, sólo que ajustaban la media por abajo y no por arriba: todos pobres. ¿estas manifestaciones quieren derrocar el sistema capitalista? lo dudo. el argumento no parece ser en favor de una mejor repartición de bienes (imagino una manifestación pacífica que congregara a toda la sociedad colombiana en favor de una reforma agraria y no sé si reir o llorar) sino de una mayor posibilidad de adquisición para todos. en últimas, nadie quiere perder... un poco igual pasa en las manifestaciones antinucleares en japón: todos en contra de la energía nuclear, de las armas atómicas, después de fukushima todos somos un poco hibakusha, etcétera, pero nunca nadie cuestiona qué tipo de sociedad ha creado la necesidad de estos reactores nucleares para suplir la inmensa demanda de energía eléctrica.
ahora, de las manifestaciones estudiantiles en colombia entiendo todavía menos, y me debato entre el disgusto general por el actual gobierno y sus políticas, la duda sobre la claridad en las intenciones de las manifestaciones y la certeza de que éstas se están dirigiendo a un inmenso y sordo viejo de gabardina.
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