diciembre 06, 2010

diciembre, diciembre

marde (no es un typo) me escribe y (creo que) cita a un piedracielista y me dice que "sucede que es diciembre en todo el mundo, y es día sábado en Colombia entera. Azulado de días y de todavías, diciembre se me sube a la cabeza". es cierto. es diciembre. y debería ser triste pero ocurre que no.
no nieva, todavía, porque acá el frío no nace de los cielos sino de los suelos. mi cuarto, que es un cuartito diminuto cuyo piso es una delgadísima laja de madera, se chupa todo el frío húmedo que emana del entresuelo. si el frío se materializara consistentemente, en esta ciudad nevaría de abajo hacia arriba y el piso de mi casa sería un pista de patinaje. me apero: una alfombra eléctrica, una colcha (más) de plumas, una estufa de gas que compraré con mi primer sueldo, camisillas térmicas y medias gruesas. el invierno es duro (pienso) pero no tanto como el verano: al menos no roba la posibilidad de hacer cucharita.
la navidad amenaza con venir, de nuevo. recuerdo la primera en japón: tenía diecisiete y un cigarrillo escondido entre el diccionario. había engordado tantos kilos que mi cuerpo estaba lleno de rayones rojos (que ahora son blancas estelas). había visto de nuevo la nieve (después de muchos, muchos años--tantos que parecía la primera vez). estaba triste y odiaba estar lejos de casa. todo cambia tanto después de diecisiete años: esta nochebuena voy a seguir amando y odiando la navidad. voy a estar lejos de casa. no voy a estar sola.
es diciembre. diciembre, diciembre.

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