el horóscopo pronostica desgracias. por fortuna no le creo. llego tarde a la clase, pero decido vestirme de gala: aquí estoy de nuevo sobre el tatami. no le hago daño a mi rodilla, la niña de mis ojos. me muevo suavecito como gato. sudo poco. se siente bien. soy un poquito adicta al placer de mover el cuerpo. y a las uñas. y al cigarrillo, aunque fume tan poco últimamente. y a la duda. en la uni me espera un festival universitario con el que no tengo ninguna conexión. ¿cuándo dejé de ser estudiante--en el corazón? pienso en lo que significará trabajar en este país, con un contrato que me garantiza seis días de vacaciones pagas al año. pienso en una breve luna de miel antes de venderme al mundo laboral. kanazawa, quizás. también me espera un desesperanzado, una visa que no se concede, y una frase: "es como si nos hubiera caído una maldición". me quedo sin saber cómo conjurar maldiciones pero leo y corrijo la tesis de e. y pienso en la certeza de que los viajeros modernos sigamos buscando el camino que nunca ha sido recorrido. doy mi última clase de lunes. se despiden con tristeza de mí y yo me extraño: ¿me quisieron todo este tiempo? me duermo en el tren y tengo sueños de un minuto: mi antiguo profesor uniandino vive en el valle de miyama-cho. tiene el pelo y la barba blancas, pero el torso desnudo y musculoso. me dice: vivo seis meses acá y seis allá. yo pienso que yo podría hacer lo mismo y él me contesta que no, que sólo después de ser vieja podré. me despierto un segundo antes de que cierren las puertas y logro bajarme del metro. al volver a casa como comida ajena y vuelvo al recurrente tema: las relaciones que terminan. todas las relaciones terminan. yo ya no quiero ver más el fin de una relación. no quiero corazones rotos. y sin embargo, todos los corazones se rompen. y sanan. meto al microondas un sobre con semillas de gingko y las oigo reventar. las salo, me sirvo el último trago de ice wine y siento una repentina calma. todo estará bien. todo.
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