agosto 23, 2008
sábado
odio despertarme los sábados. que no se malentienda: amo el aikido como pocas cosas en la vida, pero tener que despertarme un sábado para ir a la práctica a veces me parece demasiado. y luego, claro, como no podría ser de otra manera, treinta minutos después de empezada la clase, me cae el alma en el cuerpo con un purrundún y me pongo a mil, como si me hubieran inyectado adrenalina en el corazón. no pasa con muchas cosas: lo que mal comienza, mal termina, reza el dicho. pero a veces también pasa que a la mitad de una cena que no quiere arrancar me doy cuenta de que estoy comiendo carne, ¡CARNE!, y no hay nada más que pudiera necesitar para ser feliz. o que en el regreso a casa, con el sillín empapado de agualluvia y dos o tres carros que estuvieron a esto de una inminente colisión, cruzo por el jardín del palacio real y noto que hay dos tejas que tienen forma de crisantemo y todo, todo, todo empieza a valer la pena.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
Publicar un comentario