agosto 25, 2008
más allá del principio del placer
hay días que empiezan con un "shit! ¿qué quiere decir lacan con sadismo fálico en el lenguaje oral?" y ganas de morir de tedio porque finalmente quién-diablos-me-mandó-a-estudiar-psicoanálisis-y-no-secretariado-bilingüe-que-seguramente-ya-tendría-un-trabajo-decente-y-casa-y-carro-y-perros-y-niños. sí, y probablemente una dosis extra de retanil bajo la almohada y las ganas de vivir en el orto. lo digo por experiencia: nunca estuve tan cerca de sucumbir al tedio total como cuando tuve que redactar cartas y editar convenios y contestar el teléfono y salir de la oficina a las mil de la noche porque quien tenía que hacer el trabajo estaba siempre demasiado ocupada no haciendo nada. con las decisiones se apechuga, pienso, pero también sé que suena a línea de mártir y no estoy muy segura de que habiendo decidido "hacer lo que quiero" esté queriendo lo que hago. releo la biografía de freud y me río y lloro por partes iguales. si la ilusión es el mecanismo que permite evitar el enfrentamiento con la realidad y la ciencia es quien retira el velo de la fantasía, ¿qué se debe hacer al enterarse de que en últimas no hay esperanza porque la pulsión de muerte está ahí, inamovible y muerta de la risa? el psicoanálisis es cruel y despiadado pero el viejito sigmund no se resignaba: en el fondo, tenía esperanza y humor. ya lo dijo mi mamá hace apenas una semana, si no nos reímos de tanta desgracia estamos jodidos. todavía pienso en hacer una colección de frases memorables de mi madre. como eso que dijo cuando alguien le espetó que la religión es el opio del pueblo: "pues, por mí, que viva el opio. cada cual con sus vicios". pinche viejita, se las sabe todas.