diciembre 29, 2007

treinta de diciembre

hoy debería estar cocinándome a fuego lento en aguas termales. pero la visa, el traspaso de fronteras no es un asunto simple. una mujer sola y a punto de cumplir treinta es un peligro. en el aeropuerto y en cualquier parte. entonces, en inmigración deciden que ya no y el treinta estoy yo limándome las uñas y pintándolas de rojo, pensando si esta noche tomaré licor de frutas o vino caliente. soñé que sensei me obligaba a hacer abdominales. yo no podía y me quejaba: "¡esto es una clase de danza!". ¿qué pasaría si ese hubiera sido el primer sueño del año? tengo tanta ansiedad de los sueños por ver que temo no recordarlos. en el teléfono, madre de buen humor y padre incorregible; suegra orgullosa de sus platillos navideños y suegro que recomienda paciencia durante los diez primeros años del matrimonio. un árbol de navidad de dos metros o uno de veinte centímetros. un beodo o un abstemio. todo necesitaría un poco más de balance. pero soy como un péndulo al que hacen oscilar los vientos del mejor postor. pero esto no coincide con mi propio tipo de sanrgre... dicen que los O hacemos lo que se nos da la gana. los A son serios. los B no se deciden. los AB son hoy uno y mañana otro. nunca me ha dado miedo ver sangre y me parecen un poco idiotas los que se desmayan con sólo oir la palabra. no me da miedo lo grotesco, no me da miedo la desgracia. voy a hacer los propósitos de año nuevo montándome del todo en esta ola valiente, en estas ganas de agarrar al mundo a cabezazos. el año entrante voy a ser menos manipulable, voy a creer menos en fantasmas, voy a ir a lisboa, voy a callarme un poco más. soy realista, claro: no prometo dejar el chocolate, ni el cigarrillo, ni el resquicio autodestructivo, ni levantarme en las mañanas de buen humor.
no, no prometo ser una mejor persona.
feliz nuevo año.

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