abril 23, 2007

inconexo

la temperatura sube, baja. igual el ánimo. de conquistar al universo, a perecer bajo las llantas de un carro. ignoramos quiénes somos. ignoramos quién duerme a nuestro lado. una casualidad más o una menos. todos los árboles hanamizuki en flor. un codo adolorido, los pies más ligeros. aprender a caer, sentir el peso debajo del ombligo. dejar caer. la palabra es lo último que me queda por empeñar. una gota de café sobre la punta de un dedo, que no es el mismo dedo que duele al teclear. uñas largas, pelo largo, nariz larga; tanto sobrante sobre uno. miro manos y las mías me parecen ajenas. al suspirar me duele el pecho. ahora quedan dos meses antes de ese cinturón negro y sé que debería dejar el cigarrillo. pero sé tantas cosas que no me sirven para nada... el punto es: aprendí a hablar francés sin querer a los cinco, aprendí a cantar en inglés a los trece, luego vine a adole(s)cer por primera vez en japonés, y unos años después me enamoré en portugués. luego el ciclo empezó a repetirse. por eso mi asunto es el de las lenguas. eso. un ataque de pánico en el tren. y luego los niños, felices de jugar conmigo. todo tan callado, todo tan ruidoso. empiezan a sonar las cigarras y yo lo presiento: summertime-and the living is NOT easy.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y yo que pensé que eso de mirarse las manos sólo me pasaba a mí...

maria correa dijo...

no me diga! a usted también le pasa?

Anónimo dijo...

Todo el tiempo.