sueño tanto que no puedo descansar. hace dos noches, la viejita a la que le habíamos cantado el japiberdi de su cumpleaños número 115 me dijo en voz firme: tan pronto termine ese doctorado, devuélvase a colombia. me lo dijo en japonés. al día siguiente, una alumna de inglés de 77 años. brazos delgados, arrugados, divinos. mi piel también se volverá así, caí en cuenta. vivimos creyendo que la juventud no se va nunca. la muerte que vive dentro de nosotros nos parece una amenaza que nunca nos tocará. y sin embargo. me dijo que su casa fue bombardeada en la segunda guerra. antenoche, mi papá recostado en mi regazo, viendo televisión. mi viejo nunca ve televisión acostado. frente a nosotros, el aguafuerte enmarcado de mi hermano. las dos mujeres desnudas del cuadro nos miran, y alguien me promete tomar unas fotos. me doy cuenta de que estoy en ropa interior y sin rubor pido permiso para ponerme -al menos- un pantalón. antes de dormir había pensado que si comiera menos chocolates tal vez tendría una figura un poco más discreta. me resigno. sobreviviré a pesar de mi trasero y mi delantero. pero no sobreviviría sin chocolates. anoche, un restaurante de comida china y yo que me olvido de llevar a mi sobrina a su clase de algunacosa. es una ciudad peligrosa y ella se ha ido caminando sola por culpa de mi olvido. es de noche y no regresa. yo no puedo ir a buscarla, porque no tengo llaves para cerrar la puerta. "yo espero", me dicen, pero sé que más que imposible es improbable. mi familia está a punto de reunirse bajo la canícula que nos parió a todos -tantos- y yo tan acá que no lo puedo soportar.
no, te lo juro, si no paro de soñar me voy a quemar.
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