enero 25, 2007

lacanian mood

Hoy vi "Broken Flowers", por fin, hasta el fin.

Todos hemos mirado alguna vez hacia el pasado, hacia ese punto donde el camino se dividió en dos, el punto donde entre dos opciones tomamos una. Y nos preguntamos, indefectiblemente, qué habría sido de nosotros si hubiéramos tomado la otra opción. ¿Habríamos sido diferentes? ¿Tendríamos otra vida? ¿Nos vestiríamos de Chanel y tomaríamos champaña en la mañana? El neurótico se da gusto pensando en el pasado que no fue, llorando sobre la leche derramada.

La muerte es el advenimiento de lo real en el círculo de lo simbólico. Enterramos a nuestros muertos porque es la única manera de evitar el terror que nos produce la imposibilidad de decir nada sobre la muerte. Por eso rodeamos ese vacío, le ponemos lápidas, tumbas y flores, lo adornamos y lo sacralizamos: para ponerle un asidero simbólico que nos permita agarrarlo por algún lado. Los muertos sin nombre siempre regresan desde su aterradora dimensión real, a recordarnos que en su cara está pintada la nuestra. Que nosotros somos carne muriente.

No futuro, no pasado. Sólo presente.

Si, tal como dice Lacan, le rapport sexuel n’existe pas, entonces la distancia física no afecta, en un sentido topológico, la dinámica de la pareja. Eso me dijo K mientras comíamos torta de chocolate y tomábamos café.

Hay un fondo imposible en las relaciones: no puede decirse todo. Dime qué piensas, dicen todas las ellas del mundo a todos los ellos del mundo. En nada, contestan todos los ellos. En ti, contestan los más aduladores. No saben ellos mismos en qué piensan y no saben ellas que jamás podría decirse todo lo que se piensa. Porque existe la imposibilidad de decir, existe la palabra. Porque existe la imposibilidad, existe el deseo.

Un gusano no es una mariposa en potencia. Sólo en un movimiento retroactivo puede pensarse que esa mariposa algún día fue gusano. El pasado de la mariposa es el gusano. El futuro del gusano no necesariamente es la mariposa. El destino…

-Libros:
Después de las diez de la noche.
-Besos:
Lentos e intensos.
-Café:
Sin azúcar. Dos, por favor.
-Sexo:
-No, gracias. Aún no termino de pagar el lavarropas.

El último que salga que cierre la puerta y apague la luz.

Libros:
-Había juntado suficiente plata para comprar algo. Deme "Hojas de hierba" y unos zuecos morados, por favor.
Besos:
-“Te apuesto un beso a que esta canción es de Primus”. Tenía catorce años. Perdió la apuesta.
Café:
-Una taza azul, comprada en el Tía del centro, de curvas elegantes y plástico irrompible. Llenaba la taza con café cada cuarenta y cinco minutos.
Sexo:
-Tanto sorprenderse ingenuamente, como fingir un orgasmo, e incluso venirse hasta llorar. Creo que sí.

El último que cierre apague la puerta y salga la luz.

3 comentarios:

mer dijo...

diossssss, qué lindo post. Qué bien escribís, Lucía.
Besos!

ru dijo...

Absolutamente de acuerdo con mer, Lucía. ¡Me encantó este escrito! en general, me encantan tus escritos.

Abracito!

maria correa dijo...

chicas, me hacen sonrojar!!
abrazos!