noviembre 10, 2006

reporte de salubridad

el lunes al almuerzo me comí un don de salmón. era la segunda vez en menos de una semana que comía salmón crudo. la primera fue el jueves.
después del lunes mi panza se cerró con llave y candado. el apetito desapareció como si nunca hubiera existido y la sola imagen de la comida me producía náuseas. era como si más que un salmón me hubiera comido una chaqueta, un sofá, una olla, una botella, el cógito cartesiano, la voluntad nitzcheana, el inconsciente freudiano. dentro de mí misma se cocía el fin del universo y yo me sentía como indigestada de palabras.
quise culpar a todos los salmones por mi dolor. pero es claro que ellos no tienen la culpa.
hoy, después de aikido, sentí un hambre voraz. hubiera querido comerme el universo.
en cambio, me comí una pasta con champiñones.
el apetito ha vuelto.

2 comentarios:

Bloom dijo...

Y ahí estabas hoy, comiendo Salmón...

maria correa dijo...

es verdad... existirá la adicción al salmón?